El covid-19, desde su llegada a nuestro país, ha traído consigo una serie de modificaciones a nuestra conducta habitual: nuevas formas de relacionarnos con nuestros cercanos, mayor cuidado con nuestra higiene personal, aprovechamiento de la tecnología y el internet, tanto en la educación como en el ámbito laboral, son algunos de los principales cambios que este virus ha generado; por otro lado, también ha impulsado alteraciones en el calendario electoral en unos de los años más trascendentes para nuestra democracia.

Estamos a pocos meses de vivir un proceso histórico para nuestro país; el plebiscito para una Nueva Constitución que se concretó gracias a la presión social realizada post estallido del 18-O, es una oportunidad única para los que queremos y creemos en un Chile más justo y con más oportunidades para todas y todos. 

Por esta razón, es que no podemos dormirnos en los laureles, especialmente los jóvenes. Según datos del Servel, la participación promedio en las últimas elecciones parlamentarias del año 2017, bordeaba solo el 36,9% en la población de entre 18 y 34 años. El plebiscito de octubre es con voto voluntario; es tiempo que los jóvenes salgan de sus trincheras y se sumen con la fuerza e ímpetu que los caracteriza a participar de este proceso. 

No podemos ser meros espectadores en esta sociedad o sólo participar de marchas y ser líderes de opinión en redes sociales. Es tiempo de incidir, de colaborar y sumar. Sea cual sea la opción que defendamos, todas son válidas, pero está en nuestras manos darle mayor legitimidad al proceso y dejar de atribuirle a un tercero los malos resultados que se puedan dar. En octubre es el plebiscito, en abril del próximo año son las municipales. Llegó la hora de darle tiraje a la chimenea y que seamos protagonista de una nueva historia que comienza a escribirse en un par de semanas en nuestro país. Seamos los obreros que construyan un mejor Chile. 

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