Lo que sería un año sabático para aprender inglés y disfrutar de Australia, terminó por convertirse en una pesadilla para el ingeniero civil acústico y máster en higiene ocupacional, Alfredo Dättwyler, quien junto a su esposa Nivia y su hijo de 13 años, permanecen varados en el país del norte a raíz de la pandemia por el Covid-19.

El profesional cuenta que junto a su esposa planificaron este viaje y ahorraron durante cuatro años porque su intención era perfeccionar su inglés al máximo. Tras juntar algo de dinero decidieron viajar y en julio del 2019 a Australia y el regreso estaba programado para junio del 2020, pero todo se adelantó por el Covid-19.

En febrero –dice el ingeniero– la “cosa acá se empezó a complicar, las personas comenzaron a comprar papel higiénico en grandes cantidades, dejaron sin stock los supermercados, se llevaron el jabón, tallarines y arroz. Algunos días no había carne ni de pollo ni de cerdo”.

Cuando se percataron de lo que estaba pasando a raíz del Coronavirus, Alfredo le dijo a su esposa que adelantaran el viaje de retorno a Chile. “Compramos para abril. Y cuando llegó el momento se canceló el vuelo y me dieron para mayo, pero después me avisaron que el vuelo se adelantaba para el 29 de abril.

“Me dieron un vuelo desde Perth a Sídney en la Aerolínea Qantas para el 28 de abril a eso de las 10 am. El vuelo ese día no salió y nos avisaron a las 17.30. Todo el día estuvimos en el aeropuerto. Qantas no tenía otro avión y solo estaban sacando un vuelo a cada ciudad. Mi vuelo era a las 14.40, Nos dijeron los sentimos sale mañana a las misma hora 10.00 am. Nos fuimos a un hotel, Qantas lo pagó. Y al otro día el vuelo terminó saliendo a las 12.00. Y fracción”.

Alfredo relata que el 29 de abril voló desde la ciudad de Perth a Sídney y llegó a eso de las 17.30 junto a su familia, pero pese a los esfuerzos perdieron el vuelo de Latam que los traería a Chile, quedando prácticamente “botados” y lo peor sin soluciones hasta hoy.

–¿Cuál es la situación que están viviendo?

–Somos actualmente 155 chilenos que estamos varados en Australia. Yo estoy son mi señora, mi hijo, en la ciudad de Sídney.

–Cuál es la sensación que tienen hoy ¿Se sienten abandonados por el Gobierno?

–No sé cómo explicarlo. Es una angustia el no saber qué va a pasar, cuándo va a salir un vuelo, porque acá hay muchos rumores. Al comienzo había rumores que los vuelos van a comenzar a salir en junio, pero de Latam nos dijeron que cancelaron todo, que no habrá vuelos en junio y que tampoco para julio. Ahora están diciendo que habrá en agosto. Entonces comenzamos a llamar a los distintos consulados y ahí es donde uno queda más preocupado aún, porque el mismo cónsul te dice no sabe y cuando un cónsul te dice no saber, qué queda para nosotros que somos chilenos en tierras extranjeras.

–¿Cómo se genera este viaje?

–Yo soy Ingeniero Civil Acústico, trabajo en Antofagasta, en el norte. Hace cuatro años planificamos un viaje con mi señora, principalmente por mi hijo para que pudiera conocer otro país y para que no tenga el problema de su papá, que le cuesta hablar inglés. Buscamos un país y finalmente nos decidimos por Australia. Cuando te digo cuatro años atrás es porque estuvimos ahorrando, ahorrando para poder hacer este viaje de un año, porque la empresa donde trabajo me dio un año sin goce de sueldo, entonces aproveché de venir a estudiar inglés.

–¿Cómo están viviendo allá, cómo lo hacen para pagar el arriendo y comer?

–Como te mencionaba juntamos dinero. Acá yo también trabajé, soy fotógrafo amateur, por ahí estuve sacando fotos, hice fotos en Navidad en un mall con el Viejo Pascuero. Acá todos los trabajos son bien remunerados, tú puedes vivir tranquilamente haciendo aseos o cortando el pasto. Yo al tener una visa de estudiante tenía que pagar por el colegio de mi hijo, aunque sea público. Y sólo podía trabajar 40 horas al mes, no más que eso.

–¿Cuándo se percatan que la situación no venía bien?

–En febrero la gente comenzó a comprar todo el papel higiénico, arroz, jabón, en algunos días no había carne. Conversamos con mi señora y concluimos que algo iba a pasar por eso decidimos adelantar el regreso a Chile, compramos pasajes para abril y nos cancelaron vuelos. En tres ocasiones me han cancelado el vuelo, ahora estoy en Sídney arrendando un departamento. Hasta el momento estamos bien, pero como se dice en buen chileno estoy con en el agua hasta la cintura este mes, si esto se sigue extendiendo y no salimos antes de un mes, ya la cosa se comienza a complicar. Hay personas que están más complicadas, que han tenido que vender sus cosas para sobrevivir.

–¿Han recibido el apoyo de la colonia de chilenos en la Australia?

–Sí. La gran mayoría me atrevería a decir que hay gente que vive acá y que está apoyando a su hermano chileno, a su compatriota.

–¿Había alguna posibilidad de renovar las visas para quedarse un tiempo más en Australia?

–Mis compañeros me dicen lo mismo, quédate allá porque acá en Chile está malo, primero por el estallido social y luego por la pandemia, pero hay que ser bien franco, yo no soy una persona millonaria y el bolsillo llega hasta cierto punto. No hay bolsillo que aguante acá en Australia, es muy caro, demasiado caro. Yo no puedo estar más de un año acá porque tengo un trato con la empresa donde trabajo y es por un año sin goce de sueldo”.

–¿Qué están solicitando al Gobierno?

–Como grupo, 155 chilenos, le estamos pidiendo al Gobierno que le exija a Latam que mande un avión para retornar a nuestro país, que le diga a la empresa que debe cumplir con poner un avión y nos lleve a nuestro país. No estamos pidiendo que nos paguen los pasajes, acá el 95% tenemos nuestros pasajes comprados. Hay personas que hasta en cinco ocasiones le han suspendido el vuelo. Acá también hay argentinos y son 400 personas, con eso llenamos un avión.

–¿Qué sensación le provoca estar viviendo una pandemia y lejos de tu familia?

–Hay sensaciones encontradas, creemos que Australia ha manejado muy bien la pandemia, hay muy pocos casos en comparación con Chile. El tema es que no hay bolsillo que aguante, hay gente que ya no tiene para vivir. Los trabajos por horas se cerraron. La sensación que hay es de angustia, hay personas que han sufrido crisis de pánico por lo que está pasando. Tenemos compatriotas que tienen enfermedades preexistentes, que ya no tienen cómo pagar la renovación de su seguro médico y no hayan cómo comprar sus medicamentos.

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