La pediatra Ruth Kries Saavedra (de 75 años) lleva más de 47 años buscando justicia por la muerte y desaparición de su esposo, el médico Hernán Henríquez Aravena. Y si bien la condena dictada por el ministro Álvaro Mesa en la causa es un bálsamo de aquella justicia esquiva, hoy su lucha está centrada en conocer el paradero de los restos de su cónyuge.

La profesional, madres de cuatro hijos, quien está radicada en el extranjero, se encuentra de visita en la zona hace una semana. “Aquí me siento como un pez en una pecera, no como una visita”, dice.

“Conocí a mi marido a los 16 años y a los 20 nos casamos. Mi marido era un hombre encantador, muy dulce, muy tolerante, tenía el don de la palabra, era físicamente muy frágil, pero moralmente y emocionalmente muy fuerte. Y él quería una medicina para toda la gente, que no diferenciara entre pobres y ricos”, recuerda.

En conversación con Libertaddigital, Ruth Kries, no solo habla sobre la sentencia que condenó a 12 años de cárcel al ex fiscal militar de Cautín, Alfonso Podlech Michaud, como autor del homicidio calificado de Henríquez Aravena, también se refiera a la necesidad imperiosa que existe en la sociedad chilena de lograr justicia por las violaciones a los Derechos Humanos ocurridos en la dictadura de Pinochet.

–¿Cómo recibió la noticia de la condena que recibió el fiscal militar Alfonso Podlech?

–La verdad es que para mí tiene un significado un poco simbólico, porque es una pequeña justicia que se hace con mi marido y con nosotros. Pero no puedo decir que me provoca alegría, me reconforta un poco, me hace pensar que existe mucha gente buena, pero las instituciones que existen en Chile por muchos años, por muchísimos años, no cumplieron sus tareas y en parte aún no las cumplen. Esto me permite tener la esperanza que en parte estas instituciones funcionan, que hay personas que han hecho un buen trabajo, como lo ha hecho el ministro Álvaro Mesa y eso me reconforta.

–¿Qué ha sido lo más difícil en esta búsqueda de justicia?

–La verdad es que mi marido fue detenido y hecho desaparecer, yo lo comencé a buscar desde ese mismo día. Desde el 21 de septiembre de 1973, desde que comenzó el toque de queda, yo lo busqué. Y recurrí a todas las instituciones en las cuales podía estar detenido, Carabineros, Regimiento Tucapel, Fuerza Aérea, Intendencia, etc. También recurrí a todas las instituciones de la sociedad chilena en Temuco, partiendo por el obispo Piñera, tío del presidente actual, quien me negó la ayuda porque mi marido no era cristiano. Seguí con el Colegio Médico, que no solo me negó la ayuda, sino que jugó un papel muy importante en la represión, en el crimen de mi marido y de otros colegas. En cuanto pude regresar a Chile, porque por muchos años no pude hacerlo, interpuse una demanda por el crimen. Esa acción legal tiene más de 30 años, por mucho tiempo he luchado para que eso funcione, se investigue, he buscado testigos, con amigos, colegas, mi búsqueda lleva 46 años.

«También recurrí a todas las instituciones de la sociedad chilena en Temuco, partiendo por el obispo Piñera, tío del presidente actual, quien me negó la ayuda porque mi marido no era cristiano. Seguí con el Colegio Médico, que no solo me negó la ayuda, sino que jugó un papel muy importante en la represión, en el crimen de mi marido y de otros colegas».

–¿Existía una red de protección muy fuerte en torno a Alfonso Podlech Michaud?

–Yo creo que lo que funciona entre ellos es el pacto de silencio, una verdad entre ellos. Y Alfonso Podlech fue un hombre muy poderoso en tiempos de la dictadura y siguió siendo después, pero no solo él, todo el equipo de criminales que efectuaban las detenciones, torturas y que asesinaban, todos ellos han sido gente poderosa, gente que se hizo millonaria o que era millonaria y que fueron protegidos por su casta política de derecha, extrema derecha y también la casta social a la que ellos pertenecen. Ninguno ha hablado. En mi desconocimiento, en uno de los careos con Alfonso Podlech, le ofrecí retirar mi demanda si él me decía dónde habían dejado los restos de mi marido, pero él siempre ha negado haber tenido algo que ver con el crimen.

–¿Hay gente que sabe dónde están los restos de su marido?

–Indudablemente, hay gente que saben dónde están los restos de Hernán y de muchos otros, pero no quieren decirlo, cosa que yo no entiendo del punto de vista humano porque si bien ellos pueden ser muy perversos y criminales, también son padres, abuelos, maridos y deberían ponerse en el lugar nuestro, de los familiares. Ellos no pierden nada con decirnos, los dejamos en tal parte, busquen en este lugar, o que los lanzaron al mar como se supone en muchos casos. Pero podrían decirlo antes de morirse de viejos.

«Ninguno ha hablado. En mi desconocimiento, en uno de los careos con Alfonso Podlech, le ofrecí retirar mi demanda si él me decía dónde habían dejado los restos de mi marido, pero él siempre ha negado haber tenido algo que ver con el crimen».

–¿Estos grupos de poder del que habla, la CNI, la DINA, siguen operando en la sociedad chilena?

–Yo creo que operando de acuerdo a los crímenes que ellos hacían, creo que no, pero sí operando en el sentido de mantenerse callados unos con otros y supongo yo que tendrán sus propios mecanismos para impedir que nadie hable, que nadie diga lo que sabe, porque de otra forma no se entiende el silencio. Existirá amedrentamientos para quienes querrán alivianar su conciencia y decir lo que sabe, yo pienso que sí, que de alguna forma deben estar operando, porque no entiendo cómo, cómo mantienen ese silencio cruel y permanente.

–¿Es parte de su lucha ahora dar con los restos de su esposo?

–Sí, nunca voy a cesar de buscarlo, es mi obligación, lo siento necesario.

–El 18 de octubre del 2019 comenzó un estallido social en el país ¿Usted cree que la deuda que existe con los Detenidos Desaparecidos y las violaciones a los DDHH pudo haber influido en esta situación que se generó?

–Sí, estoy segura de eso, porque este estallido social en que ha participado la gran parte de la población chilena, con muchísima razón, comienza también por la impunidad que se tiene sobre materias de DDHH. Ese sentido de falta de justicia, de ser una marioneta donde no hay derechos, donde se engaña a la gente con luces de colores y no se cumplen las promesas hechas. No se tiene derecho a nada en este país, se perdieron y la gente está luchando por eso. Creo que esto comenzó con la dictadura. Creo además que es esa necesidad de sentirse mujeres, hombres libres, de vivir en un sistema democrático, que haya equidad, derechos fundamentales asegurados, yo creo que eso viene también del tiempo nuestro. La necesidad de una buena salud fue la lucha que dio Hernán, él quería lo mejor no solo para los ricos, también y sobre todo para los pobres. Hernán luchó por una buena salud para los campesinos y mapuche. Ese fue su gran pecado, creo que eso se ha entendido. Muchos jóvenes me han dicho en Temuco que ellos se han inspirado en la figura de Hernán. La semilla de Hernán está madurando.

–Primero fue el informe Retigg y luego el informe Valech ¿Usted considera que esto fue un tema más mediático o que realmente se buscó hacer justicia en materia de DDHH?

­­–Creo que fue un intento de establecer una seudo-justicia, no creo que haya habido una mala intención, pero me parece que se dio un primer paso, pero después no se siguió. No llegaron a comprender las autoridades el drama que nosotros, las víctimas de la dictadura, hemos vivido, les fue imposible ponerse en nuestro lugar y no entender que a nosotros no nos bastaba con que se reconociera a la persona como víctima. Fue un primer buen paso, pero no debió haber quedado hasta ahí.

–El estallido social también mostró una sociedad muy polarizada ¿Qué cree que falta para cerrar esas heridas que aún existen en la sociedad chilena y que fueron generadas por una dictadura brutal?

– Las heridas se sanarían en parte, porque el dolor es imposible no sentirlo, es imposible no sufrir por los horrores que sufrieron nuestros familiares antes de ser asesinados. A mí me duele cada momento que pienso en lo que sufrió Hernán y es imposible que no lo sienta, lo voy a sentir toda mi vida, pero esa amargura que me consume creo que puede disminuir si esta gente se arrepintiera, no el castigo. Personalmente no me interesa el castigo, creo que el castigo es moral, pero lo importante es la verdad. Si nosotros tuviéramos la verdad, si tuviésemos el arrepentimiento de los criminales, sería la mejor forma de sanar nuestras heridas, no hay más. El hecho que haya gente condenada a 20 años es bueno para la sociedad en general, la sociedad tiene que saber que quien comete un crimen va a tener un castigo, pero para mí, personalmente, no me significa nada. No me siento menos triste porque Alfonso Podlech, un pobre viejo miserable, esté encarcelado, me da lo mismo si él va a la cárcel o no va a la cárcel, pero no me da lo mismo que la sociedad no sepa que este individuos fue un criminal capaz de torturas, asesinar a tanta gente porque pensábamos diferente, eso no me da lo mismo.

–¿Es partidaria del indulto a personas que han violado los DDHH?

–No, es diferente, es otro el concepto que yo tengo, el concepto que yo tengo es humanista, no pienso que sea el castigo el importante. Lo importante es el arrepentimiento, el colaborar con nosotros, pedirnos perdón de corazón por lo que hicieron. No es el concepto del indulto como se plantea en Chile.

«El hecho que haya gente condenada a 20 años es bueno para la sociedad en general, la sociedad tiene que saber que quien comete un crimen va a tener un castigo, pero para mí, personalmente, no me significa nada. No me siento menos triste porque Alfonso Podlech, un pobre viejo miserable, esté encarcelado, me da lo mismo si él va a la cárcel o no va a la cárcel, pero no me da lo mismo que la sociedad no sepa que este individuos fue un criminal».

–¿Qué le diría a la gente que hoy tiene información sobre los Detenidos Desaparecidos?

–Les diría que se pongan en el lugar nuestro y que no tienen nada que perder, solo algo que ganar. Porque me imagino que cuando alguien comete crímenes tan terribles, tiene que pesarle la conciencia, somos todos seres humanos, iguales, y tiene que sentir un peso tremendo. Y al decirnos a nosotros qué hicieron, dónde los dejaron, si enviaron un mensaje antes de morir, yo creo que eso les haría muy bien a ellos. Y no tienen nada que temer. Eso no les aumentará las penas, les hará bien a ellos y a nosotros. Eso también le hará bien a la sociedad chilena, sus nietos van a saber que su abuelo se arrepintió y que no fue un criminal que se llevó un secreto a la tumba.

–¿Esperan que la Corte Suprema confirme el fallo?

–Yo espero que sí, la sociedad necesita un correctivo para la gente que comete delitos. Es la vida de un ser humano, yo le confieso que lo que más me duele no es su muerte, fueron las torturas, sus dolores, saber que le hicieron doler cada pedazo de su cuerpo, entonces eso que sea castigado con 12 años de cárcel, no hay relación, porque por otros delitos la gente va a la cárcel por la misma cantidad de años. La vida es lo más preciado y yo como médico no me puedo imaginar que la tortura sea algo propio del ser humano, practicar la tortura con otro es inconcebible, es aberrante, no puede ser aceptado.

­–¿Ha tenido antecedentes para saber dónde pueden estar los restos de su marido?

–En algún momento hubo indicios que podía estar en el Cementerio de Padre Las Casas, también hemos tenido indicios que cuando fue la Operación Traslado de Televisores, sacaron los cadáveres y los llevaron a otros lugares. La verdad es que son solo rumores que hemos escuchados, pero nada serio.

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